Sin decir nada X

– Amanda…- las palabras murieron en su boca-.

Adrián le puso la mano en el muslo por debajo la mesa, ese gesto la excitó y le dio seguridad.

– Emma ¡Cuánto tiempo!- dijo con una sonrisa falsa deslumbrante- Espero que todo te vaya bien, aunque, me ha preocupado verte con esa muleta.

– Un pequeño accidente de coche, ya estoy casi recuperada- le devolvió la sonrisa falsa-.

Amanda se giró a Adrián y le acarició el hombro con la mano, esto la irritó de mala manera.

– Estás muy guapo esta noche- siguió moviendo la mano y le dedicó una mirada coqueta- espero que más tarde me concedas un baile, sé que bailas divinamente.

Adrián la miró fríamente.

– Con la única que voy a bailar hoy va a ser con mi pareja- se giró para mirar a Emma con esa expresión que derretía todo a su paso- no te preocupes, te montaré en mis pies.

Emma río y por uno momento, olvidó que Amanda estaba allí. Cuando se volvió hacía ella, vio que tenía furia desmedida en los ojos mezclada con una expresión de derrota.

– En tal caso, os dejaré disfrutando de la velada- señaló la botella de vino- invita la casa.

Miró como se alejaba en dirección a la barra y respiró profundamente. Adrián seguía sin quitarle la mano de la pierna y ella decidió no quejarse. Le había echado tanto de menos… todo su ser le reclamaba como un vil traidor que no obedece a la razón, sólo al corazón.

Entonces, la música empezó a sonar y se fijó en que la sala ya estaba medio llena de gente que reía, bebía y comía. La solista se situó en el escenario e inició una canción con voz profunda y melodiosa.

Adrián la estaba contemplando y se quedó mirándolo sin decir nada.

– Te he echado de menos, Emma- parecía que le había leído la mente- nunca debimos separarnos. Mi maldito orgullo me impidió volver antes. Realmente, pensaba olvidarte. Créeme, he estado por todo el mundo buscando a alguien que llenara el vacío que dejaste, pero, es imposible. Eres única y especial- le cogió la mano- no hay otra persona que conozca lo más malo de mi y se haya quedado conmigo como tú hiciste durante esos años maravillosos.

Ella tenía tanto qué decirle, pero, tenía miedo de empezar una discusión sin sentido que volviera a alejarla de él.

Justo cuando intentó articular alguna palabra, la camarera les interrumpió.

– ¿Ya sabéis qué cenaréis, tortolitos?- les dedicó una sonrisa afectuosa-.

Ni siquiera había hojeado la carta.

– Yo comeré lo de siempre- dijo Adrián- ya sabes, el filete al punto, por favor.

– Yo…- miró la carta por encima, no tenía mucha hambre- comeré ensalada del chef con atún.

La camarera se retiró.

– No digas nada Emma- se levantó y tiró de sus manos para ponerla en pie- vamos a bailar.

Se apoyó en él y en cuanto llegaron a la pista, empezó a sonar su canción. Ella le miró sorprendida mientras la montaba encima de sus pies y comenzaron a girar totalmente abrazados.

Emma reposó su cabeza en el amplío pecho de él. No pudo evitar que las lágrimas brotaran de sus ojos. Él bajó la vista y le dio un beso en el cabello.

– No llores, ya estamos juntos- se acercó para susurrarle al oído- nada me va a separar de ti si no quieres.

– No me volveré a ir, pero, necesito que hablemos -ella levantó la cabeza para verle-.

– Después, sin prisa, aclaramos todo- le miró a los ojos- sé el sitio perfecto para hacerlo.

La besó apasionadamente y continuaron dando vueltas hasta que la canción acabó. Entonces, la cantante indicó que harían un pequeño receso y todo quedó en silencio.

Volvieron a la mesa y mientras comieron, hablaron de temas triviales y rieron. Emma no dejaba de pensar en cómo le diría su gran secreto. Sabía que si se lo decía, él se iría.

– ¿Estás bien?-dijo Adrián mientras le levantaba el mentón- haces mala cara.

– Es por Nino-ella sonrió- no me he separado casi de él desde que nació.

– Llámales, si así te quedas más tranquila.

Marcó el número de David y le contestó Miriam. Todo estaba bien, Nino ya se había duchado y acostado. Le dijo que no tuviera prisa en volver.

– ¿Lo tienen bajo control?- dijo Adrián cuando colgó-.

– Sí, ya duerme- sonrió ampliamente- verás cómo mañana no va a dejar de parlotear sobre lo bien que lo ha pasado y me contará con pelos y señales toda su noche.

– Parece un niño muy listo y espabilado- indicó él-.

– Es increíble y siempre saca buenas notas, ya verás cuando lo conozcas mejor- odió sus palabras nada más decirlas-.

– ¿Nos vamos?- preguntó Adrián- empieza la segunda fase de la cita.

Montaron en el coche y él le puso una venda sobre las manos.

– Es necesario, me he involucrado al máximo en la sorpresa- Emma enarcó las cejas sarcásticamente- bueno, he de confesarte que David me ha ayudado mucho.

Ella rió y se puso la venda en los ojos.

Adrián arrancó el motor y al cabo de veinte minutos, empezó a oler el mar. Una suave brisa empapó sus sentidos haciendo que tuviera ganas de quitarse la venda.

– Ni se te ocurra- notó como le ponía la mano en la rodilla- por una vez, confía en mi.

Oyó como paró el coche y le abrió la puerta del copiloto cogiéndola en brazos. Percibió que subían en un ascensor y de pronto, volvió a sorprenderla el olor a brisa marina junto una fragancia floral. La dejó en el suelo.

– Ya puedes quitarte la venda.

Ella retiró la tela y abrió los ojos.

Estaban en un jardín amplío con una fuente central flanqueada por parterres de flores y plantas. Al fondo, se vislumbraba el mar. De pronto, su memoria recobró los recuerdos ya perdidos.

Este era el paraíso donde se habían colado de jóvenes después de salir con los amigos. Adrián le había pedido que saliera con él y junto a los matorrales con forma de animales, habían hecho el amor por primera vez. Muchas veces había pasado con el coche y aunque su corazón le pedía entrar, siempre conseguía pasar de largo.

Ella avanzó hacía la zona boscosa y se quedó petrificada en el primer sitio donde se habían dado el uno al otro.

Él la abrazó por la espalda sin decir una palabra y le besó el cuello mientras le acariciaba los brazos. Ella se volvió y le besó. Cuando la situación se puso caliente, Adrián paró.

– Me encantaría volver a hacerlo aquí, pero, somos mayorcitos y el guarda al que he sobornado no tardará en venir- tiró de ella- ven conmigo.

La llevó al mirador donde les esperaba el antiguo coche de Adrián. Ella chilló sorprendida.

– No sé cómo has podido hacer todo esto- observó las ralladas del coche- siempre he pensado que estaría en el desguace.

– No podía deshacerme de él, alberga demasiados recuerdos.

Le abrió la puerta para que se montara y se fijó que en el espacio del freno de mano había una cubitera con cava y una caja de pizza.

Emma empezó a reír.

– Nuestra primera cita improvisada- él abrió la botella y le sirvió la bebida en una copa- No me merezco todo esto Adrián, te lo has trabajado demasiado.

– Deja de pensar que no te merezco, ya te he dicho que estás hecha para mi.

Ella empezó a llorar mientras daba sorbos al cava.

– Tengo que contarte algo que nunca te he dicho- le miró a los ojos-.

– Emma, después me cuentas lo que sea- él intuyó que era algo serio- ahora, vamos a acabar la sorpresa.

La guió hacía dentro del hotel al que pertenecía el jardín. Aún recordaba como después de hacerlo, le había dicho que algún día tendrían dinero para usar la suite. Volvieron a coger el ascensor y vio cómo apretaba el botón del último piso. Le miró sorprendida, no podía ser…

– Una promesa, es una promesa.

Las puertas del ascensor se abrieron y se encontraron en el salón de la suite presidencial, era muy amplío y estaba lleno de objetos lujosos. Las puertas de la terraza estaban abiertas y las cortinas blancas se movían con el vaivén del aire.

Adrián le dio espacio y ella lo agradeció. Cojeó hasta la siguiente estancia donde había una gran cama con dosel color crema junto a un jacuzzi en el que flotaban pétalos de rosa.

En el centro de la estancia, se encontraba una mesa barroca con un ramo de flores y una caja blanca.

La cogió entre sus manos, notó que él estaba a su lado.

No se lo pensó dos veces y la abrió. Dentro reposaba un collar de plata con un camafeo en forma de lágrima. Cuando le dio la vuelta, vio la inscripción “U&ME”.

Emma rompió a llorar y se sentó al borde de la cama observando al detalle el camafeo. Dentro había su primera foto juntos, pensaba que él las habría borrado todas.

Adrián la abrazó y le puso el collar alrededor del cuello. Se quedaron mirando el uno al otro y ella empezó a besarle apasionadamente.

Sintieron que la ropa estorbaba, se pusieron de pie sin separar sus labios y se desnudaron el uno al otro. Él la empujó a la cama y la cubrió con su cuerpo, enseguida lo notó dentro de ella.

– Demasiado tiempo cariño- dijo él mientras empujaba una y otra vez, llevándola al borde del clímax- esto debemos hacerlo cada día, nunca puedo saciarme de ti.

Ella se rió y se concentraron en llegar juntos al nirvana que habían creado con sus cuerpos.

Quedaron exhaustos y él la atrajo hacía sí. Emma sonrió mientras jugueteaba con los rizos del pecho de él. Luego, se levantó, aunque, él trato de impedírselo.

– ¿A dónde vas?- la miró preocupado- No te agobies, tenemos canguro para toda la noche, volveremos después de desayunar.

Ella no contestó. Se cubrió con un albornoz que encontró al lado del jacuzzi y salió a la terraza. Necesitaba aire.

Giró para enfrentarlo. No podía más. Demasiados años guardándolo sólo para si misma.

– Nino es tu hijo.

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