Sin decir nada IX

Los reflejos de las luces hicieron que retrocediese en el tiempo. Aún recordaba su primera cita improvisada.

– ¿Quieres venir con nosotros a la cafetería?- levantó los ojos mientras anotaba las últimas palabras del profesor. Se fijó en la cara de fastidio de Amanda.

– No puedo, debo ir a trabajar.

Mientras salía de clase, Adrián la siguió a través del corredor lleno y la interceptó.

– Vale, entonces te acompaño.

– Tengo coche y mi trabajo está en otra ciudad.

– No me importa, iré con mi coche detrás del tuyo y esperaré que acabes.

Ella se lo quedó mirando como si estuviera loco.

– Tengo turno de cinco horas.

– Tiempo para ponerme al día con el proyecto de economía.

– Veo que el no, no es una respuesta para ti.

Él le acarició con el dorso de la mano su cara. Ella temblaba y pensaba en como era posible que un chico tan increíble se hubiera fijado en ella.

Mientras trabajaba, él la observaba y disimulaba con su ordenador portátil, consiguió que Emma se ruborizara cada vez que cruzaban miradas.

Cuando plegó, ella sacó un par de pizzas y la bebida. Justo en ese momento, empezó a llover con bastante fuerza y se refugiaron en el viejo coche de Adrián.

– Han sido provechosas estas horas mientras trabajabas- dijo él masticando-.

– Mentiroso, no has avanzado de la segunda página- ella rió- cada vez que pasaba a tu lado seguías en la misma frase del trabajo y a ratos, estabas jugando online.

– Me has pillado- miró el trozo de pizza- está muy bueno.

– Gracias- ella sorbió un poco de refresco- es receta mía.

– ¿Estás con alguien?- ella se atragantó y él le tuvo que dar unas palmadas en la espalda.

– Qué directo- le miró a los ojos- no, no estoy con nadie ¿y tú?

– No. Tampoco- él le devolvió la mirada- entonces, puedo hacer esto- Pasó su mano por la cintura y la besó-.

– No me lo esperaba- dijo tartamudeando-.

– Hace meses que quería hacerlo, desde que te vi el primer día de clase.

Continuaron besándose y acariciando cada parte de sus cuerpo toda la noche.

Se despertó de golpe. Estaban en el aparcamiento; había un gran hall con luces en movimiento, alfombra roja y un portero que les daba la bienvenida.

– ¿Emma? Has estado ausente todo el camino. Ya hemos llegado- Adrián había abierto la puerta del coche y le ofrecía su mano.

Ella la aceptó y él la levantó atraiéndola; quedaron a escasos centímetros uno del otro. Pero, él no la besó, le pasó su muleta y fueron andando hacía la entrada.

– Adri, viejo amigo. Cuánto tiempo sin verte por aquí- el portero dio la mano a Adrián y se giró hacía ella- esta preciosidad ¿Quién es?

– Ella es Emma, una vieja amiga mía.

– Soy Pol- se le abrieron los ojos- vaya, esta es tu Emma, tenía muchas ganas de conocerte- abrió la cinta- vuestra mesa ya está preparada.

Dejaron las chaquetas en el vestidor, él le pasó su mano por la cintura y atravesaron un gran arco franqueado por cortinas rojas.

– Adrián- una camarera rubia se acercó a él y le dio dos besos- cuanto tiempo sin que te pases por estos lares, parece que nos has olvidado.

– No, Mina, no os olvido, he estado ocupado. ¿Puedes traernos el vino que tomo siempre?

– Claro corazón- miró a Emma- Espero que lo pases muy bien con nosotros hoy, puedes pedirle a Roberta la canción que quieras, se las sabe todas.

Les llevó a la mesa y sirvió el vino rosado que había pedido Adrián.

El salón estaba decorado en rojo y negro del que colgaban multitud de cortinas de terciopelo de las paredes y arañas de cristal de los techos. Cerca del arco de entrada, había una gran barra con estantes rebosantes de copas y botellas de licor. Los sillones estaban dispuestos uniformemente y bordeaban las mesas redondas, confiriendo espacios íntimos a los clientes. Al fondo de la sala, se encontraba el escenario situado en una plataforma blanca flanqueada de luces brillantes y en cuyo centro destacaba un gran micrófono dorado.

– Esto es precioso, no lo conocía- dijo Emma mirándole- aunque a ti, parece que te conocen muy bien.

– Solía venir antes de irme a Francia- hizo una sonrisa burlona- igualmente, conoces a la propietaria.

– ¿Quién es?- dijo ella sorprendida-.

Antes que él pudiera contestar, vio a Amanda aparecer por una de las puertas laterales.

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