Sin decir nada IV

Tic tac.

Parecía que el tiempo no avanzaba en la fiesta, ya era de noche y estaban con los bailes y las copas. Los novios se habían ido de viaje.

¿Cuál era el mejor momento para retirarse a su habitación?

David había bebido bastante y con el coraje dado por el alcohol, le había dedicado un par de canciones.

En ese momento, permanecía a su lado dormitando y hablando con quien se acercara.

Adrián no le había vuelto a decir nada. Sin que lo supiera, había pedido al DJ su canción y la había sacado a bailar. Ahora, le sonreía en la distancia. No sabía en qué momento había desaparecido Monique.

Notó una mano sobre su rodilla.

– He estado pensando en lo que te dije antes- David arrastraba las palabras- vayámonos a mi habitación, quiero hacerte sentir.

Ella le apartó la mano.

– Has bebido mucho- se levantó e intento moverlo pero pesaba mucho- mejor te llevo a tu cama y duermes un poco.

Adrián apareció.

– Tiene razón. David has bebido mucho, mejor descansa.

Levantó la cabeza enfadado hacía Adrián.

– Tú mejor calla- le señaló con el dedo- no te perdono ¿sabes? Me enamoro de una de verdad y resulta que había estado contigo encima aún la quieres, que se te nota, joder.

Dio un golpe en la mesa y volvió a caer desmayado.

Emma y Adrián le levantaron por los dos brazos y lo llevaron a la habitación. Ella le sacó la ropa y los zapatos como pudo y lo puso de lado apartándole el pelo de la cara.

Cuando salieron al pasillo, ambos sonreían como dos adolescentes en su primer amor. No se atrevían a hablar o tocarse para que la magia no se esfumara.

Llegaron al cuarto de ella y él cerro la puerta.

– ¿Quieres un poco de cava?- dijo mientras se agachaba en el minibar-.

-Sí, ábrelo. Supongo que David tenía todo pensado menos emborracharse.

Él abrió la botella y lo sirvió en las copas.

Emma había salido a la terraza, la noche escondía el hermoso paisaje, pero se podía oir el vaivén de las olas y saborear el aroma salado del mar.

Los dos iban dando sorbos mientras se miraban. Ninguno era capaz de dar el primer paso…

– Tengo miedo Adrián- él le acarició la mano- no es como cuando éramos jóvenes. Ahora tengo un hijo y obligaciones, no puedo dejar que alguien entre en mi vida y la desordene para irse.

– ¿Tienes un hijo? No lo sabía. Te recuerdo que la última vez te fuiste tú.

– Lo sé y fui cobarde, te mentí en demasiadas cosas, entre ellas cuando te dije que no te quería- él levantó las cejas.

– Te fuiste con otro y me dejaste plantado en medio de aquella convención que habíamos ido a ver juntos para intentar empezar a arreglar las cosas -suspiró- la verdad, no me lo esperé porque para mi acabábamos de pasar una de nuestras mejores noches y tú vas y me sueltas que había sido la mejor despedida.

– Para mí también fue maravillosa, pero, no podía quedarme- coge sus manos- habían pasado muchas cosas entre los dos y necesitaba alejarme de ti, pero, no me dejabas.

– No quería perderte y aún así te perdí. Siento haberte hecho daño, creía que juntos lo podíamos solucionar todo. Pero, cuando vi que te subías al avión con él, no pude creerlo.

– ¿Fuiste al aeropuerto a buscarme?- ella empezó a llorar y él la abrazó.

– Claro, hubiera ido hasta el fin del mundo por ti. Ese día lo perdí todo.

Continuaron abrazados llorando, Emma intentó serenarse y al intentar apartarse un poco, se encontró consolándolo mientras tenía su cabeza entre los pechos.

Le besó el pelo y la frente. Él levantó la cara y sus labios se encontraron mientras con las manos se recorrían todo el cuerpo.

Fue a decir algo, pero, Adrián la subió en brazos y la llevó hasta la cama.

– No digas nada, por favor. No arruinemos este momento.

Siguieron besándose y abrazándose hasta que la pasión nunca sofocada se apoderó de ellos.

Emma despertó primero. Se encontró totalmente abrazada a él. Parecía imposible que no se hubieran movido ni un centímetro desde que cayeron dormidos.

Rodó hacía un lado y él continuó durmiendo. Se miró en el espejo y vió su cara con el maquillaje del día anterior. Era muy tarde y debía recoger a Nino de casa sus padres.

Si ellos la vieran en este momento con Adrián, nunca le volverían a hablar. Sabían por todo lo que había pasado. Pero, ahora, no quería pensar en ello.

Se metió en la ducha y se sumergió bajo la cascada de agua caliente.

De pronto, oyó como se abría la mampara.

– Yo también necesito ducharme.

Se quedó quieta con los ojos cerrados, pero, notó como unos brazos la rodeaban.

– Tengo prisa Adrián, he de recoger a Nino.

Intentó apartarle, pero él la apretó más.

– No te vas tan rápido, luego de ducharnos te llevo.

Empezó a enjabonarla y ella rió.

-¿ Tengo coche y carnet sabes? Aunque no te guste como conduzco.

– Siempre andas distraída y temo lo peor.

– Pues esta vez como tantas otras me llevaré a mi misma. No necesito un chófer.

– No sabes como he echado de menos momentos como este y a ti.

Continuaron acariciándose y dándose todo el amor perdido.

Emma consiguió escaparse y salió del baño con una simple toalla.

David estaba sentado sobre la cama.

– Ya veo que mientras estaba mal, no habéis perdido el tiempo.

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